Le diste el décimo a Ramón. Cuatrocientos mil euros. Y esto es lo que pasó.
Ramón grita, abraza a todos, descorcha una botella. A ti no te mira. Ni un gracias. Ni una palabra.
Recoges tus cosas. Nadie se da cuenta de que te vas. Caminas a casa. Hace frío. La calle está a oscuras. Has hecho lo correcto… pero duele igual.
Delante de ti, a una señora mayor se le rompe la bolsa. Las naranjas ruedan por la acera. Te agachas a ayudarla.
Ella te da una naranja, te coge la mano y te dice: «Hacen falta más personas como tú». Y justo en ese momento, se encienden todas las luces de la calle.
Ramón se llevó cuatrocientos mil euros. Tú te llevaste una naranja. Y esta noche, el que sonríe eres tú.
¿Merece la pena ser honrado aunque nadie te lo agradezca?