Casi un millón de personas estáis siguiendo el caso de Laura. Esto es lo que ha pasado.
Viste a Carlos, el novio de tu mejor amiga, besando a otra en una terraza. Él te pidió que callaras. Se lo contaste a Laura.
Carlos lo negó todo y ella le creyó a él. Te bloqueó. Tres meses después, a las tres de la mañana, Laura se puso de parto.
Carlos no cogía el teléfono. Y la otra acababa de subir una foto con él. Una foto borrosa.
Laura te preguntó dónde estaba Carlos. Y elegisteis decírselo. Así que allá va.
Le enseñas la foto. Laura no grita. Hace zoom.
Pero no en Carlos. En la muñeca de ella. Una pulsera de plata con una luna.
«Esta pulsera la hice yo», susurra. «Solo hice dos.» Una contracción.
La matrona: «Ya está aquí. Al paritorio, ahora». Y entonces aparece Carlos, corriendo.
«Laura, te lo puedo explicar.» Ella aprieta los dientes: «No quiero que entre». Otra contracción.
Ya no puede más. «Decide tú.» La matrona: «Solo puede entrar una persona».
Carlos te mira: «Es mi hija. Por favor».
¿Entras tú o dejas que Carlos vea nacer a su hija?